¿Colocados?

¿Colocados?

Youtube es un sitio curioso, en el que encuentras de todo, desde los videos más extraordinarios hasta horrores de todo tipo. Y la comparación entre unos y otros ofrece a veces interesantes ocasiones de reflexión.

Valentina Lisitsa DVD Chopin Etudes

Si tecleas “Estudios” y “Chopin” en Youtube es probable que la primera intérpretes que te encuentres sea Valentina Lisitsa. Con su manera de tocar increíblemente profesional, que nos puede parecer más o menos interesante pero siempre despliega un uso de las manos realmente asombroso. Un uso de las manos, y sobre todo de las muñecas. Pensemos en un Estudio como el op. 25 nº 9, sólo aparentemente sencillo y en realidad muy traicionero. De ese estudio tenemos no sólo el conocido video que forma parte de su grabación completa de los 24 Estudios de 2010, sino también otro, más desenfadado, grabado el día anterior. Sea como sea, entre uno y otro tenemos material de sobra para admirar el manejo del aparato locomotor de este portento pianístico. Aquí está, primero, el video oficial:

En el principio, la cámara capta tan de cerca la mano izquierda que es fácil apreciar cuán elegantemente Valentina Lisitsa diferencia el ataque de la tecla en el bajo con respecto al acorde siguiente. Entre los dos, conforman un único gesto, que a su vez se conecta con los sucesivos cambios de posición, en un movimiento que reconduce la ortogonalidad del diseño a un movimiento continuo y curvilineo.

Chopin: Etude op. 25 nº 9

No menos interesante es el uso de la mano derecha. A partir de 0’23”, con el cambio de cámara, no vemos ya la mano, sino únicamente el antebrazo, que parece moverse muy despacio y adquiere un aspecto más bien tranquilo. Todo ello queda aún más evidente en la segunda grabación de la que hablábamos, supuestamente realizada durante un ensayo previo a la anterior grabación. La cámara está más alejada y el tono más informal incrementa esta sensación de comodidad, que no es sólo una sensación, sino el reflejo de un uso envidiable de los medios físicos que Valentina Lisitsa tiene a su disposición.

En todo ello no hay nada mágico: hay un excelente aprovechamiento del peso de la mano, mientras la articulación de la muñeca es suficientes para realizar gran parte de los pequeños desplazamientos de una tecla a otra, garantizando así la agilidad que aquí es tan necesaria. Esa misma agilidad que, en cambio, suele fallar en muchos pianistas no profesionales: estudiantes que todavía no han adquirido el nivel suficiente como para abordar este tipo de escritura, o pianistas ya adultos que no tienen desarrollada su técnica adecuadamente. De nuevo, Youtube nos ofrece un muestrario amplio y a menudo desconcertante. Valga como ejemplo este video:

Comparemos este pobre chico, con su codo rígido y su mano que desplaza a todo el brazo en busca de cada semicorchea y cada cochea, con la siguiente impresionante versión de Julia Marczuk (11 años). Las diferencias no son sólo estéticas, sino de orden biomecánico: otros medios entran en juego, otros músculos, otras fuerzas.

En esta última versión llama especialmente la atención su uso del movimiento lateral de la mano izquerda: un movimiento que le permite reducir al mínimo los desplazamientos del brazo en la primera parte, y cambiar notablemente de sonido con la llegada del forte. Podemos invocar todo lo que queramos el talento y la predisposición natural de esta niña, que cuenta entre las más impresionantes que andan circulando en este momento, pero aquí el talento no basta: aquí hay también el extraordinario oficio de sus profesores. Y hay la decisión – no sabemos cuán consciente, pero clarísima – de emplear ciertos recursos en lugar de otros.

Y aquí el problema biomecánico se junta con las técnicas de estudio, porque lo típico, entre la mayoría de pianistas inexpertos, es empezar a practicar este estudio despacio, y luego subir la velocidad. Pero procediendo de este modo es casi seguro que, durante semanas y tal vez meses, estemos practicando movimientos que finalmente NO nos servirán. Es típico, por ejemplo, practicar llegando con antelación con la mano izquierda a cada una de las notas del bajo (lo que en ciertas escuelas se describe como tocar “colocando” la mano): algo que asegura precisión hasta cierta velocidad, pero puede convertirse en una trampa mortal a partir de cierta velocidad.

Obviamente, siempre hay excepciones: si es cierto que la mayoría de concertistas optan por soluciones no muy distintas de la de Valentina Lisitsa, con ataques desde lejos para los bajos, y más de cerca para los acordes, no es menos cierto que algunos brillantes pianistas han conseguido desarrollar desplazamientos del brazo tan rápidos como para llegar a una convincente velocidad colocando la mano en cada una de las posiciones. Un muy buen ejemplo nos lo ofrece Carlo Grante:

Tocar llegando con antelación a prácticamente todas las notas de pasajes de saltos como éste es una habilidad que en este momento alcanza su máxima expresión con Krystian Zimerman. Pero es una prueba de habilidad que difícilmente un joven estudiante podrá superar. Es más probable que le convenga optar por otras soluciones más ergonómicas, que exploten el peso de la mano y busquen una mayor suavidad en los desplazamientos del antebrazo.

Por supuesto, todo ello es cierto mientras la escritura instrumental sea la que Chopin ha inmortalizado en su pentagrama. Apenas hay una intervención de algún tipo sobre la escritura, las prioridades mecánicas también cambian. Un ejemplo tal vez obvio, pero no por ello menos cierto, es el célebre Badinage de Leopold Godowsky, fantasmagórica superposición del material compositivo de los dos Estudios en sol bemol mayor de Chopin, aquí de la mano de otro amigo de Musikeon, Francesco Libetta:

Y si nos movemos hacia el jazz (algo que se ha hecho a menudo con esta pieza, cuyo sabor a ragtime ha tentado a más de un músico), esta diversidad de opciones es aún más evidente. Aquí va un ejemplo, a cargo del alemán Bernd Lhotzky. Un buen video para acabar este largo post acerca del más corto de todos los Estudios de Chopin.